Gananciales y herencia: el reparto que nadie te cuenta
La mayoría de las familias que acuden a notaría o a un despacho tras el fallecimiento de uno de sus miembros se sorprenden al descubrir que antes de repartir la herencia hay que hacer otra cosa: liquidar lo que fue el matrimonio.
Si el fallecido estaba casado en régimen de gananciales —el más habitual en España—, todos los bienes adquiridos durante el matrimonio pertenecen al matrimonio, no a uno solo de los cónyuges. De la casa, los ahorros, el coche...etc., la mitad es del que murió y la otra mitad es del que sigue vivo, por lo que no forma parte de la herencia. Hay que separar lo que es de cada uno antes de repartir lo que corresponde a los herederos.
Un patrimonio que primero hay que cortar en dos
Desde el momento del fallecimiento, la sociedad de gananciales queda disuelta de pleno derecho. Lo que nace en ese instante es lo que los juristas llaman una comunidad postganancial: una masa de bienes en la que participan el cónyuge supérstite, por un lado, y los herederos del fallecido, por otro. Nadie tiene aún un derecho concreto sobre ningún bien específico; todos tienen una cuota abstracta sobre el conjunto.
La liquidación de gananciales es, por tanto, un requisito previo a la partición hereditaria. Sin ella, no se puede saber qué bienes pertenecen al caudal hereditario y cuáles son propiedad del viudo o viuda. El Tribunal Supremo lo ha declarado en numerosas ocasiones: saltarse este paso puede acarrear la nulidad de toda la partición.
Las opciones de reparto
Una vez que todos los implicados —cónyuge supérstite y herederos— están de acuerdo en hacer las cosas, el abanico de posibilidades es más amplio de lo que suele pensarse.
Todo en un solo acto. La opción más habitual y práctica es hacer la liquidación de gananciales y la aceptación y partición de herencia en una única escritura notarial. Se inventarían todos los bienes, se determina qué parte corresponde a cada cónyuge y, acto seguido, se reparte la herencia del fallecido. Es lo más ágil cuando hay acuerdo entre todos.
Formación de lotes diferenciados. En la liquidación, el cónyuge supérstite tiene derecho a que se incluyan preferentemente en su mitad determinados bienes: los de uso personal o profesional y, sobre todo, la vivienda habitual. Esto permite construir lotes que respeten esos derechos de adjudicación preferente antes de pasar a repartir la masa hereditaria.
Dejar los bienes en indivisión. Nada obliga a hacer el reparto de inmediato. La comunidad postganancial puede mantenerse sin liquidar durante un tiempo, igual que una herencia puede quedar en proindiviso —en copropiedad— si los interesados así lo deciden o si no se ponen de acuerdo. Sin embargo, prolongar indefinidamente esta situación tiene costes: los bienes no pueden venderse ni hipotecarse con facilidad, y cualquier desacuerdo posterior se complica.
Vía judicial cuando no hay acuerdo. Si el cónyuge supérstite y los herederos no llegan a un entendimiento, queda el procedimiento judicial. La jurisprudencia más reciente —el Tribunal Supremo lo confirmó en su sentencia de 21 de febrero de 2023— admite que la liquidación de gananciales y la división de herencia se tramiten de forma acumulada en un mismo procedimiento. Es una solución más lenta y costosa, pero evita tener que litigar dos veces.
Por qué importa hacerlo bien desde el principio
Una liquidación de gananciales mal hecha o incompleta tiene consecuencias que van más allá de lo jurídico. Puede afectar a la tributación del Impuesto sobre Sucesiones —las reducciones y bonificaciones se calculan sobre la parte que efectivamente corresponde al fallecido, no sobre el total de los bienes gananciales—, y puede generar conflictos fiscales en el IRPF si la adjudicación de bienes se hace sin tener en cuenta los valores de adquisición originarios.
Además, si hay hijos menores de edad entre los herederos, la representación del progenitor superviviente puede verse limitada precisamente en la fase de liquidación, donde su propio interés puede entrar en colisión con el de sus hijos.
Hay decisiones que se toman una sola vez y marcan el reparto de todo lo que una familia ha construido. Si acaba de perder a un familiar y se enfrenta a esta situación, es el momento de hacer las cosas con calma y con asesoramiento. Consúltenos.

